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La carga de trabajo impidió detectar un feto sin brazos tras ocho ecografías

Los padres demandaron al SAS, que ha asumido su error, después de que ningún médico viese que le faltaban las extremidades, además de otras anomalías.

 

Los protocolos de la buena 'praxis médica' establecidos por la Sociedad de Ginecología y Obstetricia recomiendan que los médicos dediquen un mínimo de 20 minutos a la valoración de cada ecografía realizada a una embarazada, con el fin de emitir un diagnóstico eficaz y acorde con la realidad sobre el estado del feto.


En la unidad dedicada a estos diagnósticos del hospital Virgen de las Nieves de Granada, considerada como la de máximo nivel en la comunidad autónoma andaluza, los médicos llegaron a reconocer no dedicar más de siete minutos a cada paciente por el volumen de pruebas que estaban obligados a realizar en cada jornada. Al menos, así fue reconocido por el subdirector de esta unidad con respecto a la actividad del Materno entre los años 2003 y 2004.


En este tiempo, este fallo en la organización del centro -reconocido por sus responsables por escrito- tuvo consecuencias. Una de ellas, por desgracia, se debate en estos momentos en los tribunales. Se trata de una pareja cuyo hijo nació con graves y evidentes malformaciones físicas, entre ellas, la ausencia de brazos. Todo ello, asociado a un síndrome conocido como de Cornelia de Lange. Ninguna de ellas fue detectada por el equipo médico, en las ocho ecografías que le hicieron a lo largo del embarazo en el Materno.


La razón fue desvelada en una investigación interna llevada a cabo por la propia Consejería de Salud, después de que el letrado que llevó este caso, José Miguel Castillo Calvín, denunciara lo ocurrido en la Delegación.


La conclusión de la inspección fue elocuente: no hay tiempo suficiente para valorar las ecografías por problemas de «organización del centro». Es decir, por la cantidad de pruebas que estaban obligados a realizar cada día. Y no sólo eso. Además, los inspectores advierten en su informe que la paciente no fue informada de los riesgos que corría o del porcentaje de fiabilidad de los diagnósticos.


«Perfectamente normal»


Pero esta conclusión alcanzada por el propio SAS no ha sido fácil de obtener. Antes de llegar a este punto, el matrimonio víctima de este fallo -ya reconocido- del SAS ha pasado numerosos avatares.


El primer paso que dieron fue poner una denuncia tras el nacimiento del bebé, en el año 2004. En ella se pedía que se depurasen responsabilidades en el hospital por lo ocurrido.


En el escrito se relatan todas las pruebas, una por una, a las que fue sometida la madre. En todas las ecografías y análisis realizados, el informe concluía con frases como: «no presenta ninguna anomalía»; «es un embarazo perfectamente normal» y otras que nada hicieron sospechar el desencadenante del embarazo. En estas valoraciones estuvo incluida la ecografía de la semana 20 de gestación, clave en todos los casos, ya que en este tiempo está el límite legal establecido para la interrupción voluntaria del embarazo en caso de complicaciones graves en el feto. Pues el diagnóstico de ésta también fue «normal y adecuada», según el parte emitido por el facultativo responsable de esta unidad.


Es más. La mujer fue remitida a la Unidad de Medicina Fetal, donde acuden embarazadas de riesgo, para ser sometidas a una serie de pruebas al ser detectado «algo raro» por otro médico. Realizaron las pruebas, comprobaron que el corazón funcionaba bien y, a pesar de que se hizo una ecografía, tampoco se detectó las anomalías físicas del niño. «Resulta grotesco, con una tecnología tan puntera, y que no se percatasen de estas malformaciones», apunta Castillo Calvín.


A pesar de estos diagnósticos positivos, cuando la madre cumplió más de ocho meses de embarazo, la ahora demandante fue intervenida de urgencia y nació el bebé. Con poco peso y con malformaciones como ausencia de brazos, pliegue nucal aumentado, pies cortos, piernas en sable, y otras deformaciones en la cabeza. Todas, vinculadas al citado síndrome.


«Injustificable»

Esto -no podía ser de otra forma- supuso un auténtico 'shock' para los padres del bebé. «Eran evidentes y apreciables, incluso con técnicas diagnósticas de mucho menor resolución de las que le fueron practicadas en la Unidad de Medicina Prenatal», versa el escrito de denuncia ante el SAS. Por ello, sobre poro por las técnicas de mayor resolución y calidad utilizadas, consideraron este hecho «injustificable».


Antes de que el SAS reconociese su error en un informe final, la primera contestación que recibieron los padres no fue en este sentido. En esta, la administración asume que el embarazo de esta mujer fue objeto de un seguimiento continuo y por todo un equipo. Por lo que, dicen en su respuesta, «resulta extraño que no se hayan detectado las malformaciones, especialmente, la falta de brazos».


De este modo, no alcanza otra conclusión que la siguiente: «Resulta cuando menos extraño, que ningún miembro del equipo se haya apercibido de una anomalía tan evidente, a no ser que lo que falle en este caso es que la anomalía no era tan evidente», al tiempo que recuerdan que una ecografía no es una ciencia exacta.


Y todo ello, aun sabiendo que el bebé no tenía brazos. Pero lo más inquietante de este primer informe no reside sólo en esta afirmación, sino en la tercera de las conclusiones alcanzadas. «En las ecografías realizadas entre las semanas 18 a la 22 está protocolizado el estudio de la longitud del fémur, en tanto que la medición de todas las extremidades no se contempla para los estudios ecográficos». Lo dice el protocolo y así se cumple, algo que los padres consideran una «aberración».


Esta primera explicación, en la que se intentó dar un carácter de normalidad al asunto, fueron después contradichas por la citada inspección interna. El SAS, entonces, dictó una resolución de indemnización, al reconocer que la ecografía de la semana 20 no tuvo las características de diagnóstico que debió tener. La cuantía ofrecida, ha sido recurrida en los tribunales.

 

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