El SAS indemniza a un paciente al que "olvidaron" comunicarle que tenía cáncer


Le quitaron una verruga y la analizaron, pero ni lo sabía ni le informaron de que era un melanoma. El médico que descubrió la metástasis irreparable investigó y encontró los resultados archivados.

Acudió a que le extirparan una «verruga molesta» en la rodilla. Un año y medio más tarde, los médicos no pudieron evitar su muerte tras detectarle un tumor demasiado extendido. ¿La relación entre ambos episodios? Los resultados del análisis realizado en el hospital Comarcal de Baza a la verruga extirpada. Era un tumor maligno, pero nunca le fue comunicado al paciente tal diagnóstico. La cadena falló, alguien archivó los resultados y se echó el caso en el olvido. Algo más de un año más tarde, cuando el paciente acudió con un bulto en el abdomen, todos los tratamientos eran inútiles.

Éste es el último caso de fallo en el sistema sanitario en el que el propio SAS ha asumido su responsabilidad, por flagrante, para reconocer una indemnización a la viuda. El despropósito que le costó la vida a un granadino tuvo lugar en el hospital comarcal de Baza. Preocupado por una verruga molesta en la rodilla que le sangraba al roce con la ropa acudió a una consulta de Dermatología. El médico, al observar la lesión, ordenó la extirpación. En tres meses, había pasado por quirófano, había cicatrizado la herida y el paciente regresó a su cotidianidad.

Sin importancia

Tenía una cita con el médico dos meses después, a la que no acudió. «No la recordó». Y es que se despreocupó de su verruga, a la que «en ningún momento ningún facultativo dio importancia». Pero había un movimiento de los médicos que el paciente desconocía. Según reconoce el SAS en su informe, «en ningún momento fue informado de que la muestra extraída sería analizada».

Pasó el tiempo. Exactamente un año y dos meses desde que el hombre acudió al quirófano a librarse del molesto 'lunar', regresó al servicio de Urgencias del citado hospital con un bulto doloroso en el abdomen. Tras un primer diagnóstico, le recetan un tratamiento que no sirve de nada. En ocho días, acude a su médico de cabecera, que ordena una analítica general. Un mes después, le realizan una exploración «más exhaustiva» en el que se descubre el tumor. Un análisis de éste revela que se trata de una «metástasis en ganglio linfático por melanoma». El doctor que atendió a este hombre le buscó un melanoma que no encontró. Interrogó al paciente. Fue entonces cuando recordó su molesta verruga.

Iniciativa de un médico

En este punto, el médico investiga para saber qué pasó. Solicita la historia clínica del paciente y «con sorpresa encuentra archivado el resultado del análisis de la muestra extirpada cuyo diagnóstico es melanoma». El letrado de la familia, José Miguel Castillo Calvín, reconoce la labor de ese médico, que «una vez detectó la negligencia, quiso por su cuenta investigar el caso hasta descubrir el origen del fallo; y que a pesar de que lo sucedido dejaba en evidencia el mal funcionamiento y la descoordinación de los servicios de salud, con toda honestidad no sólo no lo ha ocultado, sino que su actuación ha permitido que el SAS reconozca su responsabilidad, colaborando a que hechos de esta naturaleza no se repitan».

El director gerente del hospital comunicó al paciente el inicio de la investigación interna. Ésta concluyó en la imposibilidad de identificar la persona que archivó los resultados «sin advertir al médico» de los mismos. Pero reveló que «era necesario revisar los circuitos» de los informes para tener la seguridad de que llegan a los especialistas antes de ser guardados.

En este caso, en opinión del abogado Castillo Calvín, «se desprende claramente la actuación negligente del SAS, pues no adoptó ninguna medida para comunicarse con el paciente a fin de informarle del diagnóstico e instaurarle un tratamiento inmediato, lo que hubiera permitido evitarle un enorme sufrimiento y el fallecimiento, que se produjo dramáticamente casi dos años después». Añade que «es evidente y de común conocimiento, que cuando se trata de cáncer, el diagnóstico precoz y el consiguiente abordaje terapéutico son determinantes», a pesar de que el SAS en su resolución insista en que «su esperanzada de vida difícilmente se hubiese prolongado».

La indemnización ofrecida por la Administración es de 118.502 euros, pero será recurrida en los tribunales. «El SAS reconoce nexo causal entre el retraso en comunicar el diagnóstico y la muerte, pero, a la hora de determinar la cantidad de la indemnización, incumple el principio de reparación integral», concluye Calvín.

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